0503 - Mausoleos
Todo empezó con el asunto del paquete, al que alguien llamaba “el pichón”. Nunca quedó del todo claro qué era exactamente, pero sí que había colaboradores desaparecidos, secretos guardados y bastante tensión alrededor de la entrega. Varka estaba metido en la conversación, aunque en ese momento tampoco parecía que nadie tuviera una explicación particularmente ordenada.
Después salió a la luz la traición. El jefe había enviado a un tiefling para encargarse de nosotros después de que recorriéramos las cuevas. La idea, aparentemente, era matarnos o manipularnos, según qué parte de la historia se escuchara. Intentamos intimidar al tiefling, pero no funcionó. Fue una de esas situaciones en las que uno hace algo con mucha seguridad y el resultado demuestra que la seguridad no era lo mismo que la eficacia.
El plan quedó armado con un plazo de más de veinticuatro horas. Teníamos que reunirnos en la plaza al mediodía, así que por una vez había un cronograma más o menos concreto. Delerion también explicó —o demostró, no estoy seguro— una de sus habilidades más agradables: podía sacar la esencia o el alma de una persona y meterla en una calavera mejorada, algo parecido a una versión mágica de Cyberpunk. No era exactamente el tipo de dato que uno espera recibir antes del almuerzo, pero ya estábamos metidos en eso.
Luego fuimos a explorar la casa gremializa. Allí nos encontramos con Teklis, que nos informó sobre una reunión inminente del gremio. Fue cordial con nosotros y nos despidió sin que, por el momento, nadie intentara asesinarnos. Considerando cómo venía la misión, eso ya contaba como un éxito.
Más tarde apareció un caballero, amigo del kobold, y entramos con él a una habitación privada. El lugar era lujoso, aunque la hospitalidad tenía un detalle: nos dejaron encerrados temporalmente. Stixx Ernesto, el kobold pícaro, estaba relacionado con el caballero, así que tampoco era una situación completamente inesperada. Digamos que nos ofrecieron comodidad y seguridad en proporciones bastante discutibles.
Al amanecer decidimos movernos y buscar más información. La idea era ir a la casa de Nyxara, sobre todo para evitar problemas con Borgar y Arturo, también conocido como “El Pelado”. Como suele ocurrir en estos casos, evitar problemas significaba dirigirse exactamente al lugar donde estaban los problemas.
Investigamos túneles secretos y cloacas. Encontramos restos de arañas y huevos, señales de que allí había habido actividad criminal en algún momento. También apareció otra vez la referencia al pichón, aunque nunca terminó de quedar claro si hablábamos de una persona, un objeto o algo que todos entendían menos nosotros. En la casa de Nyxara confirmamos que estaban Borgar y Arturo, y que nos buscaban por pedidos de captura. Nada especialmente tranquilizador.
En Navaca empezamos a escuchar voces extrañas. Delerion usó Clarividencia para investigar y descubrió una resonancia mágica idéntica a la que habíamos encontrado en el Templo del Círculo Eterno. Eso indicaba que estaba pasando algo importante en ese lugar, que es una forma bastante elegante de decir que probablemente íbamos a terminar entrando.
Usando magia más complicada, entre ella un Orbe Luminoso y otra vez Clarividencia, conseguimos ver dentro de una tumba antigua. Allí observamos a un tipo hablando con voces ancestrales. No parecía una conversación particularmente sana, pero a esa altura ya habíamos establecido estándares muy bajos para lo normal.
Finalmente accedimos a la cámara funeraria. En el centro encontramos una espada imponente, rodeada de cristales y fulgor. Cuando la tocamos o intentamos manipularla, se activó una vibración masiva y unos ecos antiguos resonaron por todo el lugar. No hizo falta que nadie nos explicara que la espada no era un adorno ceremonial. Las cosas que vibran, brillan y despiertan voces ancestrales rara vez están ahí para decorar.
Después de la confrontación, Stixx Ernesto encontró unos pergaminos detallados. Los documentos confirmaban que los rituales estaban relacionados con la Orden Carmesí y hablaban de antiguos artefactos orianos y de sus secretos. Así que, además de llevarnos una espada probablemente peligrosa, conseguimos documentación sobre una orden misteriosa y artefactos antiguos. Un botín bastante razonable, si uno no piensa demasiado en la parte de sacar una espada encantada de una tumba.
Al final determinamos que la espada era clave, posiblemente un sello arcano importante. Decidimos sacarla para investigarla más en la ciudad. Porque, evidentemente, después de encontrarla en una cámara funeraria, hacer vibrar todo el lugar y despertar ecos antiguos, lo más sensato era llevárnosla con nosotros y seguir averiguando qué podía salir mal.
Acá se complican las cosas
Primero empezó a temblar el suelo. La tierra se movía de una forma bastante poco tranquilizadora, aunque en ese momento todavía no sabíamos si era algo sobrenatural o simplemente el mundo intentando sacarse de encima nuestra presencia. Desde alguna dirección, más o menos hacia el cementerio, se escuchó una voz antigua. No quedó muy claro qué decía, pero sí alcanzó para que empezáramos a preparar el combate.
Entre discutir las reglas, buscar los dados e intentar entender quién tenía la iniciativa, logramos ordenar algo parecido a un turno. Adler sacó 22, Varka y Delerion también quedaron en 22, y otro personaje sacó 10 —posiblemente Jose Loco o Stixx Ernesto, porque hasta ahí tampoco estaba del todo claro quién estaba haciendo qué—. Poco después apareció un esqueleto, o un exoesqueleto, según cómo se lo quisiera llamar, y el asunto dejó de ser teórico.
En total terminamos enfrentándonos a cuatro muertos vivientes. Adler intentó expulsarlos usando su símbolo sagrado y, en el proceso, se discutió bastante sobre cómo funcionaban “Expulsar No Muerto” y “Destruir Muertos Vivientes”. Como suele pasar, entender la habilidad llevó casi tanto tiempo como usarla.
En algún momento alguien lanzó una Bola de Fuego sobre la zona del cementerio. Fue una solución bastante directa para un problema que ya venía siendo innecesariamente complicado. Después del ataque encontramos un anillo mágico y otros materiales rituales relacionados con magia y comunicación con los muertos. Evidentemente, el cementerio no era solamente un lugar con esqueletos; también tenía toda la parafernalia necesaria para que alguien pudiera complicarnos la noche con cierta dedicación.
Entonces un espectro empezó a caminar hacia Varka o Delerion y atacó. La defensa reaccionó a tiempo, así que el golpe no salió como esperaba. Adler volvió a intentar expulsar a los muertos vivientes que quedaban, mientras el ambiente cambiaba alrededor nuestro. Las resonancias fueron bajando y se escuchó una voz más clara, lo cual nunca es una buena señal. Si una voz se vuelve más clara en medio de un cementerio lleno de no muertos, normalmente es porque algo está por presentarse y quiere que lo escuchemos bien.
Y se presentó. Dos espectros aparecieron en las puertas de la tumba. No parecían criaturas actuando al azar: tenían inteligencia y estaban claramente decididos a atacarnos. Nosotros, por supuesto, respondimos con una estrategia perfectamente razonable: considerar levantar esqueletos como tanques y usar ataques de área. Una planificación impecable, salvo por el pequeño detalle de que seguíamos rodeados de muertos.
Después colocamos la espada en el pedestal. La resonancia bajó de manera considerable y los espectros reaccionaron mirando hacia la tumba, como si acabaran de notar algo extraño. Adler intentó comunicarse con ellos y percibió que había una entidad superior comandando al resto. O sea que, además de los espectros y los esqueletos, había alguien dando órdenes desde arriba. Siempre ayuda descubrir que el problema tiene jerarquía.
El momento más agradable llegó cuando uno de los esqueletos explotó. La explosión dejó una nube fétida y causó daño necrótico a varios de nosotros. No fue exactamente una maniobra elegante, pero sí muy efectiva para recordarnos que no había que confiarse de ningún cadáver, ni siquiera de los que parecían estar teniendo un día tranquilo.
Algunos de los muertos vivientes intentaron escapar rápidamente de la zona de combate. Adler intervino otra vez y utilizó sus habilidades para expulsar a las sombras y al esqueleto que quedaba. Mientras tanto, se lanzó “Hambre de Adar”, que creó una zona de oscuridad mágica y empezó a dañar a las criaturas que estaban dentro. Entre la oscuridad, la nube fétida, los espectros y los esqueletos explotando, el cementerio se convirtió en un lugar bastante poco recomendable para cualquiera que tuviera alternativas.
Al final decidimos usar “Silencio” sobre la entidad comandante. La idea era paralizarla o, al menos, impedirle actuar y comunicarse. Hasta ahí llegó el enfrentamiento: con una entidad superior intentando controlar a los muertos, nosotros tratando de expulsarlos, hechizos de área por todas partes y un silencio impuesto como cierre. No fue el plan más ordenado que hayamos ejecutado, pero funcionó lo suficiente como para que siguiéramos vivos, que en una situación así ya cuenta como un resultado razonable.
Al principio, como suele pasar en las situaciones más peligrosas, estábamos discutiendo reglas. En particular, cómo mover objetos con levitar y cómo acomodar figuras dentro de un área de veinte pies. Nada demasiado heroico: una conversación bastante técnica antes de que apareciera algo que quisiera matarnos.
Después usamos magia para silenciar y levitar a una criatura, “el bicho”, como terminó quedando registrado en la práctica. La idea era bastante sencilla: impedirle hacer ruido y mantenerlo suspendido mientras resolvíamos qué hacer con él. En teoría, claro. En la realidad había demasiadas cosas flotando, demasiadas reglas por revisar y demasiadas personas intentando atacar al mismo objetivo desde ángulos que probablemente tampoco estaban del todo claros.
El combate empezó contra las criaturas flotantes, entre ellas el espectro y los esqueletos. Delerion y Adler estuvieron involucrados en buena parte del plan, y Varka también apareció en el contexto de la pelea. Stixx Ernesto tuvo alguna participación menor, aunque a esa altura ya era difícil distinguir quién estaba haciendo qué. Hubo ataques cuerpo a cuerpo, magia y varios intentos de aprovechar que el espectro estaba suspendido. También discutimos si los esqueletos podían interactuar entre sí o solamente con el objetivo principal, que es una pregunta muy razonable para hacerse mientras uno está siendo atacado por muertos vivientes.
En un momento conseguimos hacerle bastante daño al espectro. Leon recibió daño por primera vez, lo cual fue una especie de acontecimiento dentro del desastre general. No sé si eso habla bien de Leon o mal de todo lo que habíamos enfrentado hasta entonces.
Delerion también usó magia defensiva y de control. Aparecieron una Esfera de Oscuridad y un Resplandor Enfermizo, aparentemente para controlar el área y evitar que el espectro pudiera volverse invisible o, al menos, para complicarle bastante la existencia. La combinación funcionó lo suficiente como para que pudiéramos seguir atacando y mantenerlo bajo presión. Entre los golpes, los conjuros y la criatura flotando en medio del caos, el combate terminó pareciendo menos una batalla organizada y más una discusión táctica con cadáveres suspendidos.
Al final, después de varios ataques coordinados, logramos matar al espectro. Los esqueletos también habían estado metidos en el asunto, aunque no quedó del todo claro qué podían hacer unos con otros ni cuál era exactamente su relación con el objetivo principal. Lo importante fue que la amenaza inmediata terminó y seguimos vivos, que en ese momento era un resultado bastante aceptable.
Después decidimos infiltrarnos en el cementerio para buscar evidencia. Delerion y Adler usaron conjuros de invisibilidad, porque aparentemente la mejor forma de investigar un lugar lleno de muertos y posibles enemigos era hacerlo sin que nadie nos viera. No era un plan perfecto, pero al menos tenía la ventaja de que se entendía rápido.
El problema fue la salida. Cuando intentamos escapar, nos encontramos con guardias y descubrimos que toda la situación parecía haber sido una trampa. Detrás de eso estaban figuras importantes, entre ellas el jefe de la Iglesia, al que llamaban “El Pelado”. También aparecieron otros nombres, como Severino, aunque en ese punto la identificación exacta de quién estaba con quién ya era bastante confusa. La parte que sí quedó clara fue que no habíamos caído en un problema casual: alguien con autoridad había preparado el escenario.
A pesar de eso, conseguimos reunir pruebas importantes sobre rituales oscuros. No fue una investigación limpia ni particularmente discreta, pero al menos no salimos con las manos vacías. El asunto quedó reducido a dos opciones bastante poco alentadoras: seguir investigando para averiguar qué estaba pasando o retirarnos antes de que nos capturaran. Como de costumbre, ninguna de las dos parecía especialmente saludable.
Escape heroico
Nos tuvimos que mover treinta pies porque había guardias patrullando afuera del ayuntamiento. No era exactamente el momento ideal para discutir la estrategia, pero, como suele pasar, discutimos igual. La idea era no quedar todos juntos, así que decidimos buscar refugio en la casa de Xafre —también apareció mencionada como Zafe, porque aparentemente hasta los nombres estaban bajo vigilancia—, que servía como *safe house*.
Mientras nos movíamos, vimos que quizá había una entrada a las alcantarillas cerca. No encontramos indicios claros de túneles subterráneos desde donde estábamos, pero al menos era una posibilidad mejor que quedarse parados esperando que los guardias nos encontraran.
Además, habíamos encontrado evidencia relacionada con unas tramollas destinadas a levantar muertos por parte de los miembros de Gaur Ben Karmesi. Eso tenía que llegar al Dracónico, así que se abrió el debate inevitable: ¿íbamos primero a buscar al Dracónico o a la casa de Xafre/Zafe? Las dos opciones parecían viables, lo cual, en una partida, normalmente significa que ninguna va a salir como uno espera.
Intentamos avanzar con cuidado y discutimos si convenía caminar o correr. También se consideró usar invisibilidad y que Delerion volara, porque aparentemente todavía quedaban recursos para complicar una situación que ya era bastante complicada. El problema era que los guardias podían escuchar conversaciones a una cuadra y media. Una distancia razonable, si uno quiere que lo escuchen. Nosotros, por supuesto, estábamos tratando de evitarlo.
Entonces sonó una alarma. Eso activó unos sensores que nos obligaron a volvernos visibles, arruinando bastante la parte de intentar no ser detectados. Cerca de la plaza principal se oían fanfarrias y conversaciones entre guardias y otra gente. Estaban buscando fugitivos. No hizo falta demasiada imaginación para entender que nosotros entrábamos bastante bien en esa categoría.
Así que avanzamos caminando despacio por las calles cercanas a la plaza húmeda, tratando de mantener la cautela después de que la alarma hubiera anunciado, más o menos, que seguíamos ahí. Mientras avanzábamos, vimos un esqueleto corriendo por la calle. No sé si eso era parte de la búsqueda, del problema de los muertos o simplemente otra cosa más que la ciudad consideraba normal.
También notamos cuchicheos y actividad sospechosa cerca del cementerio. Para ese momento ya habíamos pasado de buscar una ruta segura a caminar hacia un lugar donde un esqueleto corría y alguien susurraba entre tumbas. En retrospectiva, la casa segura parecía una idea bastante buena.